lunes, 7 de julio de 2014

MANO SALVADORA


Éxodo 15:25
“Y Moisés clamó a Dios, y El SEÑOR le mostró un árbol; y lo echo en las aguas, y las aguas se endulzaron”
Los hijos de Israel no habían avanzado mucho desde la orilla del Mar Rojo cuando comenzaron a detectar la realidad de su nueva libertad. Ya no disfrutaban de la variedad de comida y el suministro de agua que abundaban en Egipto. Ahora, después de tres días de peregrinaje en el desierto, la enorme multitud no tenía agua. Y cuando finalmente llegaron al oasis de Mara, el agua estaba amarga (Éxodo 15:23).


Por lo tanto, los hijos de Israel se vieron obligados a depender de un milagro. Así que clamaron a Moisés, y Moisés clamó al Señor. El Señor le mostró un árbol, el cual Moisés echó en el agua. Milagrosamente, el agua se endulzó.

La transformación del agua fue un milagro relacionado con la plaga de sangre enviada a Faraón y los egipcios (Éxodo 7:14-25). La mano del Señor había manchado con sangre el agua limpia de Egipto. La lección de Mara era clara: la misma mano que había convertido el agua en sangre podía convertir el agua amarga en agua dulce. El mismo poder que había traído calamidades sobre Egipto podía traer salud a Israel.

Si hoy tienes una necesidad aparentemente imposible, recuerda que la mano que suplió tu necesidad más grande, el perdón del pecado, es la misma mano que puede suplir de manera adecuada todas tus necesidades. Confía en que Él alcanzará lo que parece imposible.

Oración: Amado Dios, ayúdame a entender que las imposibilidades me obligan a depender de tí y que tu mano es más que suficiente para salvarme y darme lo que necesito y mucho más. ¡En el nombre de Jesús, amén!

domingo, 6 de julio de 2014

EL OJO DE DIOS



2 Crónicas 16:9
"Porque los ojos del SEÑOR contemplan toda la tierra, para mostrar Su poder a favor de los que tienen corazón perfecto para con Él" 

El telescopio espacial Hubble ha tomado fotografías de la Nebulosa Hélice. Algunos astrónomos la describen como «un túnel de gases resplandecientes de trillones de kilómetros de largo». En su centro hay una estrella moribunda que ha lanzado polvo y gases que se extienden hacia su borde exterior. Fotografías extraordinarias muestran a la nebulosa como el iris azul de un ojo humano completo con todo y párpados. Debido a esto, algunos la han llamado el «ojo de Dios».

Aunque esta nebulosa no es literalmente el ojo de Dios, las Escrituras sí dicen Dios fija Su mirada en nuestras vidas. El profeta Hanani dijo: «Porque los ojos del SEÑOR contemplan toda la tierra, para mostrar Su poder a favor de los que tienen corazón perfecto para con Él» (2 Crónicas 16:9).

Esta proclamación del ojo de Dios que todo lo ve se dio en respuesta a la confianza que el rey Asa había puesto en otro gobernante en busca de seguridad militar. Asa parecía haber olvidado que era el Señor Dios, no simples soldados, quien le había dado las victorias pasadas sobre sus enemigos (14:11-12). Esta deslealtad espiritual no pasó inadvertida para Dios, quien busca derramar Su bendición sobre todo acto de obediencia a Él.

Aunque no podemos ver los ojos de Dios, podemos tener la seguridad y la tranquilidad de que Él nos ve. Su deseo es mostrar Su fortaleza ante aquellos que le son leales con todo su corazón.

Oración: Señor, sé que tú me ves. Ayúdame a que esta verdad traiga a mi vida convicción de la fe y consuelo ante los problemas. En el nombre de Jesús, amén.

sábado, 5 de julio de 2014

LA GRAN CARRERA


1 Corintios 13:8
“El amor nunca deja de ser”

En estos tiempos que se habla de deporte a nivel mundial, ya sea futbol, atletismo o alguna otra disciplina, mis pensamientos se remontan a Eric Liddell, un antiguo campeón inmortalizado por su sorprendente victoria la cual le valió la medalla de oro en la carrera de los 400 metros durante los Juegos de París en 1924. Un año después de su triunfo, Liddell partió para China, donde pasó los últimos veinte años de su vida como maestro misionero y pastor rural. Allí corrió la más grande carrera de su vida contra los adversarios que todos conocemos -las circunstancias difíciles, la guerra, la incertidumbre y la enfermedad.

Hacinado en un campo de internamiento japonés junto con otras 1,500 personas, Eric vivió las palabras que había parafraseado de 1 Corintios 13:6-8: «El amor nunca está contento cuando los demás se pierden. El amor no encuentra placer alguno en la injusticia, pero se regocija en la verdad. El amor siempre tarda en darse a conocer, sabe cómo permanecer en silencio. El amor siempre está ansioso por creer lo mejor de una persona. El amor está lleno de esperanza, lleno de paciente resistencia; el amor nunca falla».

Eric sirvió a los demás prisioneros en el campamento, ya fuera cargando agua para los ancianos o como árbitro en los partidos para los adolescentes. Cuando murió de un tumor cerebral en febrero de 1945, un interno le describió como un hombre «que vivió mejor de lo que predicó».

En la carrera más difícil de la vida, Eric Liddell cruzó la meta victorioso por medio del amor.

El amor nos capacita para caminar sin temor, correr con confianza y vivir en victoria.

viernes, 4 de julio de 2014

APRENDIENDO


Josué 1:5
“Como estuve con Moisés, estaré contigo”

Cuando se les preguntó a algunos empresarios cuáles eran las características de un buen aprendiz, respondieron que, al contratar a un nuevo empleado, ellos buscan a «alguien que quiera aprender».

En la Biblia, Josué es un buen ejemplo de esa clase de aprendiz. Recordamos a Josué marchando alrededor de los muros de Jericó. También tuvo algunas responsabilidades importantes como espía (Números 13:16) y guerrero (Éxodo 17:10). Pero a menudo estuvo a la sombra de otra persona -Moisés. Durante cuarenta años, Josué sirvió a Moisés como su asistente, asesor y aprendiz (Éxodo 24:13).

Dios se toma Su tiempo para prepararnos para el servicio. Algunas veces, ese periodo de espera es tan valioso como el aprendizaje de todas las estrategias y las metas necesarias. Josué observó la fe de Moisés en Dios. Aprendió lo que significaba ser humilde (Números 12:3), cómo recibir instrucción (Éxodo 17:10) y cómo ser un verdadero siervo de Dios (Josué 1:1; 24:29). Incluso una muestra de la furia de Moisés (Números 20:7-12) fue una oportunidad para observar y aprender. Al pasar tiempo con Moisés, Josué aprendió cosas que no se podían leer en un libro.

Josué estaba a punto de convertirse en un líder. Y cuando llegó el momento, él pudo confiar en la promesa que Dios le había hecho: «como estuve con Moisés, estaré contigo; no te dejaré, ni te desampararé» (Josué 1:5).

Una persona que no está dispuesta a seguir no está preparada para guiar.

jueves, 3 de julio de 2014

CULPANDO A OTROS


2 Corintios 10:17
“Mas el que se gloría, gloríese en el Señor” 

Investigadores de la Universidad Tecnológica de Virginia, junto con funcionarios de la policía, determinaron recientemente que los conductores distraídos son los que ponen a los demás en un peligro mayor que los conductores agresivos. Los conductores que comen, disciplinan a sus hijos en el asiento posterior, o hablan por teléfono son los más peligrosos.

Cuando se les preguntó a los residentes de una ciudad norteamericana acerca de los malos hábitos de los conductores que hacían que las carreteras se volvieran inseguras, la mayoría creía que los demás causaban mayores problemas que ellos mismos. Una mujer dijo que ella hablaba un poquito por su teléfono celular, pero que al menos no marcaba los números telefónicos mientras estaba en la carretera. Ella terminó su comentario declarando que los demás «no están siguiendo las reglas de la carretera... Ellos nos ponen en riesgo a todos».

Está en nuestra naturaleza señalar a los demás con el dedo. El apóstol Pablo habló acerca de otros maestros que evitaban mirar su propio comportamiento y, en vez de ello, le atacaban a él (2 Corintios 10:12-18). Escribió: «Pero ellos, midiéndose a sí mismos por sí mismos,... no son juiciosos» (v. 12).

Cuando no miramos nuestras propias acciones sino que, en vez de ello, nos comparamos con los demás, a menudo decimos que nos parecemos bien a nosotros mismos. Pero, como Pablo dijo, lo que cuenta es el elogio de Dios, no nuestra propia aprobación (v. 19).

Si debes compararte con alguien, compárate con Cristo.

miércoles, 2 de julio de 2014

¿BUSCANDO RESPUESTAS?



Deuteronomio 18:9
"Cuando entres a la tierra que el SEÑOR tu Dios te da, no aprenderás a hacer según las abominaciones de aquellas naciones"

Hace algunos años, había popular programa vespertino de la televisión cuyo presentador era un autoproclamado médium. Supuestamente, él recibía mensajes de los espíritus de los muertos para transmitírselos a sus familiares que estaban entre los espectadores en el estudio de televisión. Sus «sesiones» indujeron a muchas personas a creer en esta práctica ocultista.

Vivimos en una cultura donde las personas están desesperadas por saber su futuro y recurrirán a los psíquicos y los médiums en busca de respuestas -una práctica expresamente prohibida en las Escrituras-.

Los antiguos israelitas estaban desesperados por saber su futuro y Dios sabía que se verían tentados a consultar a fuentes impías en busca de respuestas. Así que les advirtió que se mantuvieran alejados de los médiums y de aquellos que contactaban a los muertos (Levítico 19:26,31;20:27; Deuteronomio 18:9-14).

Dios sabía que estas prácticas impedirían que el antiguo Israel fuera un pueblo santo y diferente, el cual iba a ser una bendición a todas las naciones. El futuro de Israel estaba determinado por su fidelidad al pacto de Dios, no por las palabras de adivinos y psíquicos. La dependencia de estas prácticas malignas indicaban la incapacidad de los israelitas de confiar en el Señor con sus vidas.

Cuando estés desesperado queriendo saber cuál será tu futuro, recurre al soberano Dios del cielo. Él es el Único que tiene las respuestas que buscas.

El qué de nuestro futuro está determinado por el quién de la eternidad.

martes, 1 de julio de 2014

DIOS ESTÁ ALLÍ


Salmos 59:16
“Porque has sido mi amparo y refugio en el día de mi angustia” 
 
Ben Carpenter sufre de distrofia muscular y se mueve en una silla de ruedas eléctrica. Un día mientras estaba cruzando una intersección, la luz del semáforo cambió y una camioneta atrapó el manillar de la silla de ruedas de Ben con la rejilla del radiador. El conductor, ignorante de lo que había pasado, se puso en marcha por la calle y, al poco tiempo, Ben estaba siendo empujado a 80 kilómetros por hora. Pronto, los neumáticos de la silla de ruedas comenzaron a quemarse.

Algunos transeúntes vieron la extraña escena y llamaron al 911 (el número de servicio público para reportar emergencias) para informarle a la policía. Cuando el conductor de la camioneta se hizo a un lado, quedó atónito al ver lo que tenía «pegado» al radiador de su vehículo. Ben se había dado un tremendo susto, pero salió ileso.

Puede que algunas veces sintamos que circunstancias inesperadas se han apropiado de nuestras vidas. Cuando David fue invitado a la corte del rey Saúl, él tranquilizaba los nervios del rey tocando su lira. Luego, de manera impredecible, el celoso rey le arrojó una lanza. David se encontró atrapado en un peligroso drama de persecución en el que el rey Saúl trataba de quitarle la vida. Pero David recurrió a Dios en busca de protección inmediata y al final recibió liberación. 


Debido a esta experiencia, él escribió acerca de la fidelidad de Dios: «Porque has sido mi amparo y refugio en el día de mi angustia» (Salmo 59:16).

No importa cuál sea nuestro problema, Dios está allí.

Cuando los problemas vengan a ti, ve a Dios.