miércoles, 30 de abril de 2014

GRACIAS POR RESCATARME



Tú sabes, Señor, que y trato de ser responsable y que me ocupo de mis asuntos. No quiero ser una carga para nadie; trato de atender a todas las cosas, y quiero decir todas las cosas. Quizás pueda tener excesiva confianza en mi capacidad para afrontar cada uno de los problemas.

Quizás por eso me demoro tanto en buscar ayuda; no quiero que parezca que estoy suplicando. Tengo que admitir que soy orgulloso, pero siempre que he necesitado una gran ayuda en un gran problema, tú has estado ahí para ayudarme; siempre he sabido que hubo intervención divina, no hay otra posible explicación de la solución. Te doy todo el crédito; no sé si sólo dijiste una palabra o si enviaste un ángel, o si sólo te inclinaste. “Me diste asimismo el escudo de tu salvación; tu diestra me sustentó y tu benignidad me ha engrandecido” (Salmo 18:35).

Voy a seguir luchando por valerme por mi mismo, pero voy esforzarme aún más por ser lo suficientemente humilde para pedir ayuda cuando la necesite. Voy a alegrarme sabiendo que tú siempre estás conmigo y haces que todas las cosas obren para mi bien, y voy a alabarte con anticipación por todas las cosas que tú seguramente estarás haciendo por mí, y que yo no alcanzo a notar. Gracias a ti, gracias a ti. ¡Tú eres el mejor!

martes, 29 de abril de 2014

CANSADO



Hay días en que todo va bien, las cosas funcionan, se ajustan, salen a mi manera.

Pero hay días, Señor, en que casi puedo ver al diablo poniéndome obstáculos, riéndose de mi, desbaratando lo que trato de hacer, atacándome, mintiéndome, debilitándome. Se burla de mis esperanzas, me hace dudar, me impulsa a ignorarte, y hace ver la desesperación como mi única opción.

No sé por cuánto tiempo puedo seguir así. Señor, estoy muy cansado. “El enemigo ha perseguido mi alma, ha postrado en tierra mi vida, me ha hecho habitar en tinieblas como los que han muerto. Mi espíritu se angustió dentro de mí; está desolado mi corazón” (Salmo 143:3,4).

¿A dónde puedo ir, si no es a ti? Cuando mi cuerpo se está debilitando, tengo que hallar mi fortaleza en ti. Cuando mi mente está confundida, tengo que hallar la claridad en ti. Cuando mi camino está lleno de niebla, tengo que hallar mi guía en ti. Cuando mi espíritu se hunde, tengo que hallar el valor en ti.

¿Puedo tener el valor para recordarte que soy tu hijo? ¿Puedo señalar que mi bautismo me ha sellado en el Espíritu y que tú has aceptado la responsabilidad de mi bienestar? Recuerda que yo soy parte del cuerpo de tu Hijo. Derrama tu Espíritu sobre mí, Señor, y dame valor para vivir con alegría y con confianza. ¿Podemos empezar hoy mismo?

lunes, 28 de abril de 2014

MOMENTOS DE PAZ EN LA PALABRA

Tú sabes, Señor, que me he quejado mucho por los achaques de la vejez; sin embargo, hay algunas estupendas ventajas cuando se envejece.

Ahora soy mucho más paciente de lo que solía ser, me gustan más las personas y las acepto como son; y aprecio más los momentos de paz que paso regularmente con tu Palabra. Yo solía estar demasiado ocupado, o pensaba que estaba demasiado ocupado para leer mi capítulo por día; ahora, ese es para mí el mejor momento de cada día. “¡Cuánto amo yo tu Ley! ¡Todo el día es ella mi meditación! Por heredad he tomado tus testimonios para siempre, porque son el gozo de mi corazón” (Salmo 119:97,111). Mis alegrías son ahora dos veces más grandes porque sé que tú las enviaste; mis problemas son ahora la mitad porque sé que tú los llevas conmigo.

Tu Palabra me explica el enigma de la existencia humana. Tu Palabra me dice la verdad, consuela mi corazón y me da esperanza. Tu Palabra revela que Tú estás interviniendo activamente en todo, detrás de la escena, para hacer que todas las cosas obren para el bien de los que te aman. Tu Palabra me da la seguridad de que tú no dejarás de amarme jamás, de que yo tengo un gran valor para ti, y que tú sigues teniendo una tarea para mí.

¿Cómo puedo servirte mejor hoy, Señor?

domingo, 27 de abril de 2014

SABEMOS QUE ESTÁ MAL


Echa un vistazo a cualquier periódico y los títulos te dirán qué está pasando en el mundo. Mira televisión, escucha la radio, habla con amigos, y te sobrarán opiniones en cuanto qué anda mal en el planeta Tierra. Esto se debe a que es fácil señalar lo malo.

Cuando los terroristas secuestraron los aviones de pasajeros y los estrellaron contra el Pentágono, los rascacielos en Nueva York y un campo en Pennsylvania, el mundo de inmediato lo catalogó como algo malo. Hace poco se conmemoró 1 año de cuando fuimos testigos de la maldad y del terror que reinó en la maratón de Bostón. El mundo se llena de terror, de amarillismo incluso en diarios y páginas cristianas... El poder destructivo de este épico evento malvado hizo que la gente se sintiera paralizada e indefensa. Y esto es lo que mejor hace el mal: que nos sintamos impotentes.

Pero este sentir no tiene fundamento. La mayoría de nosotros experimenta el mal en una escala más pequeña y más personal. Por eso, el apóstol nos bosqueja la respuesta apropiada al indicar que debemos aborrecer lo malo (Romanos 12:9), no pagar a nadie mal por mal (v. 17) y no ser vencidos por lo malo (v. 21).

La verdadera víctima del mal es la bondad, todo lo bueno que Dios diseñó como parte de la creación para que todos disfrutáramos (Génesis 1:4-31). Por esta razón, es sorprendente que Pablo concluya diciendo que la propia víctima del mal es también lo que lo vence (Romanos 12:21).

El mal capta todos los titulares, pero la bondad de Dios es más poderosa, y Él desea que nosotros la utilicemos en Su nombre para vencer a Su enemigo.

COMO LA LUZ VENCE LA OSCURIDAD, EL BIEN VENCE EL MAL.

sábado, 26 de abril de 2014

LOS NIÑOS SON UN MILAGRO



Señor, ¿cómo puedo darte suficientes gracias por mis hijos? Lo sé, lo sé, me quejo mucho de ellos y los regaño demasiado, pero estoy real y verdaderamente agradecido de que tú nos hayas honrado dándonos esos niños en nuestro hogar.

Cuando aún era soltero, supongo que sabía de manera teórica que “herencia del SEÑOR son los hijos; Cosa de estima el fruto del vientre” (Salmo 127:3). Pero la realidad es mucho más asombrosa. Los nueve meses de asombro mientras crece una nueva vida . . . el increíble proceso del parto . . . los primeros llantos y las primeras caricias. Señor, ¿cómo puede seguir siendo ateo alguien que haya visto el drama en una sala de partos?

Mis hijos son una herencia. Ellos son un premio que viene de ti; ayúdame a verlos siempre de esa manera. Te doy gracias por sus risas, por su insensatez, su inocencia, sus preguntas, su energía y por las cosas sorprendentes que salen de sus bocas.

Hoy, los vuelvo a dedicar a ti. Tú los diseñaste y los formaste, oh Padre. Señor Jesús, tu los redimiste. Espíritu, tu vives en ellos. Guárdalos siempre como tuyos, conserva a sus ángeles guardianes a su lado como has prometido, ayúdalos a convertirse en adultos que hallen gozo en servirte y en edificar tu reino. Señor, gracias por el milagro de mis hijos.

viernes, 25 de abril de 2014

TE DAMOS GRACIAS, OH DIOS


Te damos gracias, oh Dios,
    te damos gracias e invocamos tu nombre;
    ¡todos hablan de tus obras portentosas!

 Tú dices: «Cuando yo lo decida,
    juzgaré con justicia.
 Cuando se estremece la tierra
    con todos sus habitantes,
    soy yo quien afirma sus columnas.»

 «No sean altaneros», digo a los altivos;
    «No sean soberbios», ordeno a los impíos;
 «No hagan gala de soberbia contra el cielo,
    ni hablen con aires de suficiencia.»

 La exaltación no viene del oriente,
    ni del occidente ni del sur,
 sino que es Dios el que juzga:
    a unos humilla y a otros exalta.
 En la mano del Señor hay una copa
    de espumante vino mezclado con especias;
cuando él lo derrame, todos los impíos de la tierra
    habrán de beberlo hasta las heces.
 Yo hablaré de esto siempre;
    cantaré salmos al Dios de Jacob.
 Aniquilaré la altivez de todos los impíos,
    y exaltaré el poder de los justos.

Salmo 75

jueves, 24 de abril de 2014

VALENTÍA ANTE EL TRONO


Hebreos 4:16
"Acerquémonos, pues, confiadamente al trono de la gracia, para alcanzar misericordia y hallar gracia para el oportuno socorro."


Jesús nos dice: «Cuando ores, ora así: Padre Nuestro que estás en los cielos, santificado sea tu nombre. Venga tu reino».

Cuando dices «Venga tu reino», estás invitando a que el Mesías mismo entre en tu mundo. «¡Ven, Rey mío! Establece tu trono en nuestra tierra. Mantente presente en mi corazón. Estate presente en mi oficina, en mi matrimonio. Sé el Señor de mi familia, de mis temores y mis dudas». Esta no es una débil petición: es una osada apelación a Dios para que ocupe cada rincón de tu vida.

¿Y quién eres para pedir tal cosa? ¿Quién eres para pedir a Dios que tome las riendas de tu mundo?

¡Santo cielo, eres su hijo! Y por eso pides osadamente.


Tomado de: Lucado, M., & Gibbs, T. A. (2000). La Gran Casa de Dios. Nashville: Caribe-Betania Editores.